Los datos personales y los videojuegos son un binomio inseparable desde la llegada de Internet a nuestras vidas. Además, nuestro país es el quinto mayor mercado de videojuegos de Europa, y decimotercero del mundo. En el año 2022 se llegaron a facturar 2.012 millones de euros en España, lo que supuso un crecimiento del 12,09 % respecto al año anterior, según la Asociación Española de Videojuegos (AEVI). Y eso supone el doble desde el año 2014.
Todo ello ha propiciado que el mundo gaming sea un sector más que atractivo para los delincuentes virtuales, ya que el flujo de datos que se genera es inmenso. Y ¿quiénes son los principales afectados? Sin duda, los jugadores, un público de lo más variado y entre los cuales encontramos muchos menores de edad.
¿Qué tipo de datos personales se tratan en los videojuegos?
Según la clasificación realizada por Darío López Rincón, Premio de Investigación en Protección de Datos Personales Emilio Aced 2020, por su estudio «Protección de datos en el sector de los videojuegos: análisis de su adaptación al RGPD y LOPDgdd desde el punto de vista de los videojuegos de gran presupuesto o «triple A»«, reconocido por la AEPD (Agencia Española de Protección de Datos) existen cuatro grandes grupos de datos que se manejan en el sector de los videojuegos:
- Datos recopilados del jugador: se incluyen en este grupo los datos identificativos, características personales, datos de facturación y económicos, y podrían recogerse también categorías de datos especiales, aunque no suele ser frecuente.
- Datos observados del jugador: en este segundo grupo se incluyen los datos de actividad y juego, la IP, los datos del dispositivo y otros datos como los metadatos, los datos obtenidos de tratamiento de gestión etc.
- Datos inferidos del jugador: perfilado, conclusiones, decisiones automatizadas, etc.
- Datos anónimos y mixtos: drivers instalados, configuración de pantalla, tiempo de carga etc.
La vulnerabilidad de los jugadores
Como ves, no son pocos los datos personales que se tratan en el ámbito de los videojuegos. Sin embargo, encontrarse detrás de una pantalla hace que los jugadores tengan una falsa sensación de seguridad. Y, si a ello le sumamos la normalmente corta edad de los usuarios y la escasa o nula concienciación social que existe acerca del valor de nuestros datos, tenemos como resultado un blanco demasiado fácil.
Aunque es cierto que los jugadores más jóvenes (en muchos casos, niños) no suelen otorgarle ningún valor a sus datos personales, y por tanto no se preocupan por protegerlos, son los adultos los que potencialmente pueden exponerse a un mayor riesgo, al ser capaces de compartir datos tan sensibles como las cuentas bancarias. Este sería un dato imprescindible, por ejemplo, si el jugador desea comprar un DCL (Downloadable Content o Contenido Descargable).
La IA en los videojuegos, un nuevo reto
La llegada de la Inteligencia Artificial (IA) ha supuesto un gran avance en muchas esferas de nuestras vidas, y en el caso de los videojuegos no iba a ser menos. Pero, a la vez, su uso constituye un nuevo reto a la hora de proteger nuestros datos personales.
Para empezar, la IA está presente ya en las fases de desarrollo de los videojuegos. Mediante el aprendizaje por refuerzo, es posible entrenar a un personaje NPC (Non-Player Character), como puede ser un jugador de fútbol del equipo contrario, mediante algoritmos de Deep Learning. Así, se consigue mejorar la experiencia del jugador. Asimismo, la IA permite a jugadores crear su propia historia dentro del videojuego.
Pero el problema del uso de la IA en los videojuegos es que para entrenar al sistema se usan infinidad de datos personales de los jugadores, la mayoría de las veces sin consentimiento y llevando a cabo un uso ilícito de los mismos.
Datos personales y videojuegos: una regulación específica como asignatura pendiente
La preocupación por la seguridad de los usuarios de videojuegos es tal que el Parlamento Europeo ha tomado ya cartas en el asunto, publicando en enero de 2023 una resolución sobre la protección de los consumidores en los videojuegos en línea.
Si ponemos el foco en el tema de la privacidad, al Parlamento Europeo le preocupa la cantidad de datos personales a los que se acceden en los videojuegos, y destaca que en algunos supuestos estos datos pueden ser sensibles, por lo que llama la atención sobre la necesidad de cumplir con las siguientes directrices:
- Garantizar que se cumple en todo momento el RGPD (Reglamento General de Protección de Datos), con la actuación de las autoridades competentes.
- No utilizar los perfiles que se creen con datos de comportamiento de los usuarios para manipular o discriminar a los mismos.
- No emplear los análisis de patrones de juego para desarrollar técnicas que enganchen aún más a los usuarios y limitar su utilidad únicamente a la mejora de la experiencia.
- En la fase desarrollo, considerar el diseño del contenido mediante capítulos o ‘puntos de ahorro’, para favorecer las pausas y una más pronta desconexión.
- Llevar a cabo campañas de información para sensibilizar sobre los riesgos de la captación de datos, especialmente entre los menores y los jóvenes.
- Eliminar cualquier técnica manipuladora que recopile datos (sobre todo datos de menores), sin el consentimiento del usuario o de sus padres o tutores.
Una responsabilidad compartida
Desde nuestro punto de vista, existe una responsabilidad compartida entre los desarrolladores de videojuegos y los jugadores. Los primeros han de cumplir a rajatabla las disposiciones de RGPD paga garantizar la protección de los datos personales de los usuarios, especialmente en lo relativo a los jugadores menores de edad. En estos casos, han de ser los progenitores los que otorguen el consentimiento y se debe poder verificar que han sido ellos. Además, tienen que tomar las medidas necesarias en materia de ciberseguridad según el nivel de riesgo existente, conforme al artículo 32 del RGPD.
No obstante, la responsabilidad no recae únicamente en las empresas desarrolladoras. Los usuarios de videojuegos deberían comenzar a ser más conscientes de que sus datos personales tienen un valor y de que perder el control sobre ellos les puede salir, al final, muy caro.




