Dinero electrónico en el Ecuador: verdades y mitos.

Autor del artículo: David Vergara

La economía del Ecuador atraviesa uno de sus episodios más adversos de los últimos decenios. La caída del petróleo, ha llevado al país a endeudarse con algunas entidades financieras mundiales, garantizando sus obligaciones con las ventas de crudo de los años subsiguientes. El panorama no resulta muy alentador en la actualidad: el estado necesita liquidez y regular la balanza comercial a su favor. Una de las tantas iniciativas económicas-fiscales que pretende implementar el gobierno de la revolución ciudadana para hacer frente a la situación económica, es el denominado dinero electrónico.

El Código Orgánico Monetario y Financiero, que entró en vigencia en el ROS No. 332 de 12 de septiembre de 2014, define lo que es dinero electrónico. Actualmente ha alcanzado notoriedad por la expedición de la Ley Orgánica para el Equilibrio de la Finanzas Públicas a finales del mes de abril del año en curso, que establece una serie de incentivos tributarios como la devolución de dos puntos del IVA, y la exclusión de los ingresos obtenidos en dinero electrónico para el cálculo del anticipo al impuesto a la renta.

¿Cuál es su finalidad?

Principalmente, el dinero electrónico tiene como finalidad agilizar las transacciones en moneda, a través de la canalización de un sistema más rápido y barato, que brinde mayores seguridades a sus usuarios que transportar el dinero en efectivo. Para esto, se requiere abrir una cuenta en el Banco Central del Ecuador, y depositar en efectivo los valores que se quieren utilizar por este sistema. Constituye también una ventaja para sus usuarios, que ya no necesitarían de hacer filas para realizar pagos en general, como servicios básicos e impuestos, sino que se lo haga directamente a través de un teléfono móvil.

¿Cuáles son sus verdades?

En primer lugar, es necesario aclarar que el dinero electrónico no constituye una moneda paralela al dólar de los Estados Unidos de América, moneda de curso legal en el Ecuador. El dinero electrónico es un medio de pago, al igual que las tarjetas de crédito y débito, cheques y otras divisas. Necesita tener un respaldo en efectivo en una cuenta en el Banco Central, que garantice las transacciones monetarias que se llegasen a generar utilizando este medio. Por consiguiente, será el Banco Central la entidad que privativamente administre la cartera de dinero electrónico, sin que otras entidades financieras puedan llegar a tener esta potestad.

Al ser el Banco Central la entidad que controle la plataforma de dinero electrónico, en teoría no estaría sometida al control de ninguna entidad de regulación, como por ejemplo la Superintendencia de Bancos y Seguros respecto a la banca privada; y, podría llegar a convertirse como una especia de caja chica del Estado, que podría disponer del dinero en efectivo que depositen sus usuarios. Siempre y cuando, se respalden los depósitos con sus “activos líquidos”, como por ejemplo acciones y bonos estatales, que en la actualidad su valor nominal no coincide con su valor real de mercado.

Está más que claro que el dinero electrónico también beneficia a los negocios por internet, principalmente el comercio electrónico. Mediante la utilización de dinero electrónico, se pueden pagar los bienes y servicios que se adquieran a través de la red, sin necesidad de recurrir a las tarjetas de crédito y débito, lo que evitaría posibles estafas informáticas a través de conductas como phishing en las cuales los datos bancarios de los usuarios son interceptados por ciberpiratas ocasionando en muchas ocasiones pérdidas cuantiosas económicas. La transacción de dinero electrónico viaja por las redes de telefonía móvil de forma codificada y criptográfica, haciendo muy difícil su detección y abuso. En definitiva, potencia el emprendimiento en línea al establecer un medio adicional de pago, que se encuentra respaldado por dinero en efectivo, sin necesidad de tener que usar plataformas complejas de pago como PayPal.

¿Cuáles son sus mitos?

El primer mito a descartar sobre el dinero electrónico, es la supuesta obligatoriedad de pago de sueldos de servidores públicos y privados con este mecanismo. El Art. 87 del Código de Trabajo determina que los salarios de los trabajadores deben de pagarse con moneda de curso legal, es decir el dólar de los Estados Unidos de América, prohibiéndose el pago con pagarés, vales, cupones, o cualquier otra moneda que se considere representativa de la moneda de curso legal. Por lo tanto, en apego a la ley laboral estaría prohibida toda pretensión ilegal de pago con dinero electrónico de salarios de trabajadores en general.

El segundo mito por descartar es que si es posible pagar todas las transacciones comerciales utilizando dinero electrónico. Esto es falso. De igual forma que sucede con las tarjetas de crédito, que su utilización debe ser autorizada por el establecimiento, para poder pagar con dinero electrónico las partes involucradas deben consentir previamente su uso. Sin embargo, sus requisitos son mucho más sencillos: tanto el proveedor como el cliente sólo deben de tener una cuenta de dinero electrónico en el Banco Central y un teléfono móvil para poder realizar transacciones comerciales con este medio de pago.

En todo caso, a manera de análisis el dinero electrónico definitivamente es una propuesta positiva para la economía del país. Al tener una moneda extranjera de curso legal, el Banco Central está imposibilitado de imprimir billetes para ponerlos a circulación, por lo que debe comprar y traer billetes de las reservas de Estados Unidos cada vez y cuando, lo que genera altísimos costos operativos y de gestión. Con el uso del dinero electrónico, se consigue un significativo ahorro fiscal al no tener que recurrir a este tipo de operaciones.

La propuesta del dinero electrónico dinamiza las actividades emprendedoras ejercidas en el comercio tradicional y electrónico, al permitir un medio de pago adicional avalado por el Banco Central del Estado, con respaldo legal en moneda real. Quizás con la implementación de esta política financiera el comercio electrónico del Ecuador empiece a tener mayor credibilidad, lo que se consigue articulando un medio de pago serio y respaldado, generando más confianza en los usuarios que dudan al no conocer sus ventajas reales. Habrá que esperar.

David Vergara About the author

Profesor de Derecho Informático en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Máster en Derecho de Telecomunicaciones, Protección de Datos, Audiovisual y Sociedad de la Información en la Universidad Carlos III de Madrid, graduado en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.

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